La Educación y la Ciencia en campaña. La autonomía debe ser garantía de pluralidad. | Alejandro Finocchiaro

La Educación y la Ciencia en campaña. La autonomía debe ser garantía de pluralidad.

La Educación y la Ciencia en campaña

La autonomía debe ser garantía de pluralidad

 

Por Pablo Domenichini*

 

La Reforma Universitaria fue el suceso fundacional del modelo de educación superior moderno en nuestro país. A partir de ese momento las ideas de la academia avanzaron hacia la crítica social. “El puro universitario es una monstruosidad”, supo decir el reformista Deodoro Roca. Desde entonces, la pluralidad política e ideológica es un componente central de la vida universitaria argentina.

 

En la historia argentina, los enfrentamientos políticos se expresaron dentro de las universidades y dieron nacimiento a miles de protagonistas de la vida pública nacional. Sobre todo en democracia fue que el debate de ideas dentro de los claustros enriqueció la vida de las Universidades Públicas.

 

La pretensión de una universidad neutral e inmune a la realidad política no es conducente. Habla, en todo caso, de la ignorancia del espíritu crítico y comprometido que implica el mundo del conocimiento en efervescencia, a pura transmisión e intercambio.

 

Desde la recuperación de la democracia, dejamos atrás las intervenciones a nuestras universidades y el cogobierno rige en forma ininterrumpida. Para los sectores totalitarios o antidemocráticos, la autonomía de las instituciones universitarias fue siempre una veleidad liberal sin sentido. En cambio, para quienes nos identificamos con la tradición reformista, la autonomía universitaria funciona como una garantía de pluralidad al interior del sistema universitario.

 

En vísperas de las elecciones primarias resulta sorprendente, y a la vez en cierto sentido paradojalmente previsible, el escándalo en las redes tras el pronunciamiento de un grupo de científicos y de intelectuales en favor de Juntos por el Cambio. Otros tantos decidieron adherir a las candidaturas del kirchnerismo y expresarlo con la elaboración de un documento y un acto. Todos estos pronunciamientos son plenamente legítimos.

 

A los académicos y científicos argentinos no les hace falta que nadie se proclame como su “protector”. La Constitución Nacional y las leyes que rigen en nuestro país garantizan la libertad de expresión y su vigencia no depende de la voluntad ni es una graciosa concesión de ningún dirigente.

 

Durante su gobierno, el kirchnerismo basó su intento de cooptación de las universidades, ya no en el combate frontal a la autonomía, sino utilizando dos estrategias paralelas. La distribución presupuestaria discrecional y el crecimiento del sistema de educación superior a partir de una expansión asentada sobre necesidades políticas sin ninguna planificación ni criterios académicos.

 

En el mismo sentido, trató de dividir toda instancia de representación estudiantil que no se enrolara con el gobierno. El lanzamiento de una fugaz “FUA K” en el año 2012 tuvo lugar en una oficina del Ejecutivo Nacional.

 

Durante la actual gestión, hemos tenido diálogo con todos los actores de sistema universitario y científico. Hemos tenido acuerdos y discusiones con cada uno pero nunca reparamos en la afiliación política de nuestro interlocutor a la hora de plantear nuestras posiciones. En el mismo sentido, hemos respetado pautas objetivas a la hora de distribuir el presupuesto. Esto, que hoy es reconocido por la inmensa mayoría del sistema, no ocurría hace cuatro años.

 

Como en la campaña electoral de 2015, algunas unidades académicas controladas por sectores afines al kirchnerismo han lanzado una serie de pronunciamientos institucionales adhiriendo explícitamente a la candidatura de Fernández – Fernández de Kirchner y, paralelamente, advirtiendo sobre las consecuencias nefastas que tendría, en su visión, la posible reelección Mauricio Macri.

 

La transformación cultural que intentó producir el kirchnerismo en el sistema universitario argentino tiene que ver justamente con el alineamiento, la obediencia, la pretensión de unanimidad y de uniformidad política.

 

Nadie puede intentar alinear a toda una comunidad educativa en la promoción de un postulante presidencial. Cuando desde la autoridad se pretende uniformar el pensamiento político, se enrarece el ámbito de pluralidad que debe reinar en una institución académica y la consecuencia inmediata es el temor y el achatamiento.

 

Cuando se utilizan los órganos institucionales de gobierno y los medios de comunicación internos de las unidades académicas para enrolar a toda una comunidad académica detrás de un partido político, la autonomía se deroga a sí misma. 

 

Hay una ruptura de la espiral de silencio. Cuando un grupo de intelectuales explicitaron sus diferencias profundas con el kirchnerismo, la reacción fue abiertamente agresiva. Es llamativo que esto suceda en la Universidad Pública, forjada en el espíritu de la Reforma  donde la política y las diferencias políticas son la esencia de su devenir democrático.

 

Las manifestaciones en disidencia con el verticalismo K escandalizaron a sus adeptos en las universidades.  El kirchnerismo se autopercibe dominante y sin oposición en el campo científico e intelectual. No es así. El miedo empieza a resquebrajarse y una mayoría silenciosa comienza a expresarse. Porque no hay universidad sin diferencias políticas democráticas manifiestas en su seno.

 

Desde esta gestión, alentamos a que la comunidad académica argentina se movilice en defensa de la diversidad de opiniones y de la posibilidad de expresarlas sin ningún temor a represalias. Nuestra convicción es la misma de siempre: la libertad de pensamiento y el debate abierto de ideas no solo es un derecho, es un insumo para que la investigación, la docencia y la extensión puedan desarrollarse plenamente en una sociedad democrática.

 

 

*Pablo Domenichini es Secretario de Políticas Universitarias de la Nación y Secretario General de la UCR de la Provincia de Buenos Aires