"Educación para el Siglo XXI: comunicación y transformación social", por Alejandro Finocchiaro | Alejandro Finocchiaro

“Educación para el Siglo XXI: comunicación y transformación social”, por Alejandro Finocchiaro

Introducción

 

Podemos afirmar que el siglo XXI ha venido a poner en jaque las formas y modos tradicionales de la enseñanza de la Lengua por diversos motivos: cambios en las formas de socialización tanto de adultos como niños y niñas; la introducción permanente de nuevas tecnologías de la comunicación en los vínculos; avances cada vez más dinámicos de las transformaciones tecnológicas asociadas a la educación; crisis, tensiones y cambios en las instituciones educativas que, muchas veces, crecen en el uso de nuevos dispositivos pero sin cambiar la perspectiva de trabajo.

 

En este marco, cabe preguntarse entonces, ¿qué sucede con la idea de educación en el siglo XXI? ¿A qué nos referimos con ella? ¿Podemos limitarla a una “correcta” adecuación a los nuevos usos y costumbres de los estudiantes? O bien, más allá de las revoluciones tecnológicas permanentes, ¿la escuela debe enfocarse en la comunicación en tanto habilidad para no solo aprender y dominar una serie de dispositivos, sino además y fundamentalmente, posibilitar la producción y el desarrollo activo por parte de nuestros estudiantes?

 

En mi carácter de Ministro de Educación, es una pregunta cuya respuesta debemos actualizar de manera permanente, porque así sucede con los desafíos, las formas y las condiciones para el desarrollo del aprendizaje: la respuesta siempre es incompleta en un contexto dinámico. Lejos de representar un problema, se convierte en el horizonte hacia el que debemos avanzar aunque no lo alcancemos plenamente.

 

Con pequeñas variaciones todos sabemos de qué hablamos cuando hablamos de educación.

 

Cuando nos referimos a ella, no nos limitamos a la teoría, práctica y técnica que se imparten en los ámbitos educativos. O no exclusivamente, porque la educación sucede en, pero es mucho más que la escuela. Abarca asuntos relativos a la ética, la moral, los valores, el conocimiento, la solidaridad, la socialización y tantos otros.

 

En ese sentido, creo que la Lengua constituye una condición esencial de la educación, pero que a su vez se plasma en un ejercicio con posibilidades y desafíos exponencialmente mayores: el ejercicio de la comunicación, orientado hacia el desarrollo sustancial de los sujetos.

 

Desde siempre, la forma de nombrar al mundo implica una forma de dominarlo. Los medios y las formas de comunicarnos se erigen sobre una serie de prácticas sociales instaladas a través de las cuales contribuimos, seamos conscientes o no, a diferentes relaciones de poder y tensiones que atraviesan los múltiples contextos en los que desarrollamos nuestras vidas.

 

Solo en nuestro país, además del castellano, conviven otras 40 lenguas entre originarias y extranjeras entre las que coexisten a su vez, múltiples y variadas relaciones lingüísticas. Por eso, es necesario preguntarnos: ¿En qué contexto debemos enseñar la Lengua hoy con una mirada hacia el futuro?

 

Aportes para mejorar la enseñanza de la Lengua

 

En 2016, nos propusimos evaluar para conocer y para construir un estado de situación, y desde ahí trabajar para corregir, mejorar y progresar. Queríamos saber cómo estaban nuestras escuelas, cómo aprendían los alumnos, cuáles eran nuestras debilidades y fortalezas.

 

Los resultados de la primera evaluación Aprender nos indicaron que un 14,5 por ciento de los estudiantes de nivel primario se encontraba por debajo del nivel básico en Lengua. Tres años después, 8 de cada 10 alumnos de este país, en todas las provincias, obtuvieron resultados de nivel superior en la materia y solo el 7,1 por ciento se encuentra por debajo del nivel básico. El crecimiento en esta asignatura se dio en escuelas rurales, urbanas, públicas y privadas.

 

¿A qué se debe esta mejora? A que pusimos la Lengua como la llave al resto de los conocimientos, por eso, desde el Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología se ha seleccionado a la comunicación como capacidad prioritaria para todos los niveles educativos.

 

Lo que muestran las experiencias internacionales que lograron mejorar los aprendizajes de los estudiantes en un plazo corto, es la necesidad de construir objetivos claros, concretos, públicos y focalizados.

 

Por esta razón, implementamos políticas de formación continua a los docentes, para que los alumnos desarrollen la capacidad de comunicación, la cual comprende cuatro dimensiones: leer, escribir, hablar y escuchar. Esta capacidad favorece también la formación de los estudiantes como ciudadanos críticos y reflexivos, capaces de comprender, analizar y tomar una posición personal respecto de los discursos que leen y escuchan, y de producir textos orales y escritos claros y convincentes, apropiados a sus objetivos comunicativos.

 

Si bien se denomina capacidad de comunicación, es necesario hacer dos salvedades. Por un lado, que su desarrollo no sucede al margen de la evolución de otras capacidades, por el estrecho vínculo que tiene el lenguaje con el pensamiento y la acción. Por otro lado, cabe señalar que involucra las modalidades oral y escrita, así como el vínculo con lenguajes no verbales y que también supone la capacidad de recepción de textos así como de producirlos.

 

Por lo tanto, aprender a leer no es una responsabilidad del primer ciclo de la primaria, ni de la primaria solamente, ni tampoco exclusividad de los profesores de Lengua en el secundario. Es una responsabilidad colectiva, de todos los docentes de la escuela.

 

Sabemos que los profesionales de todas las áreas aprenden del trabajo y del intercambio de experiencias con sus pares. Lo mismo sucede con maestros y profesores. Por eso, desarrollamos dispositivos de formación docente colaborativa: para promover el aprendizaje entre educadores. Organizamos círculos para los directores, jornadas institucionales para un millón de docentes, y ateneos didácticos. Además, se realizaron cursos virtuales para 30.000 docentes con propuestas de alfabetización inicial y comprensión lectora.

 

Desde el Ministerio, no solo se gestiona que esto suceda a lo largo y ancho de nuestro territorio, sino que se envían los materiales de trabajo, que incluyen consideraciones teóricas, materiales de análisis y propuestas para las aulas. Cada año, se ha definido trabajar con uno de los ejes involucrados en la comunicación: lectura en 2017, escritura de textos en 2018 y oralidad (en la escucha y la producción de textos orales) en 2019.

 

En el marco de esta mejora educativa, definimos como clave que los directivos lideren esta transformación. Por eso, se implementó un postítulo en gestión educativa donde participaron 7000 directores de escuelas.

 

Nuevas Tecnologías

 

La Lengua tiene un sentido histórico y se encuentra atravesada por la realidad sociocultural de cada momento. Hoy, la Lengua es modificada constantemente por la sociedad digital y vemos también en ella terminologías que tienen que ver con nuevas palabras que surgen a partir de los cambios de la cultura digital, nuevas prácticas y los consumos de nuestros jóvenes que dan nacimiento a una riqueza cultural y de nuestra Lengua.

 

Se puede pensar la incorporación de tecnología en el aula, cómo el abrirle la puerta a los dispositivos a los que tienen alcance nuestros estudiantes, respetando, conociendo y valorando el uso que le dan. O podemos pensar que incorporar tecnología en el aula requiere considerar a nuestros estudiantes como sujetos activos, con capacidad de utilizar, conocer y aprender a dominar una serie de recursos desde una perspectiva crítica y potenciar su creatividad y sus posibilidades a límites que aún no hemos imaginado, e incluso superarlos.

 

Nuestro horizonte debe ser aquel donde los estudiantes cuenten con herramientas tecnológicas que los habiliten a desarrollar otras y mejores, con perspectiva de creación activa y permanente, apropiándose de ellas en el sentido más profundo y sustentable posible.

 

Lenguaje y diversidad

 

El lenguaje constituye una forma de nombrarnos y, por ende, una manera de diferenciarnos.
La discriminación social está presente en el orden de lo lingüístico, por lo que el problema del lenguaje es también un problema social.

 

La Lengua evoluciona en sintonía con las distintas épocas y movimientos políticos, económicos y sociales. Estos cambios no deben asociarse exclusivamente al uso del lenguaje, sino que también debemos ser conscientes de la importancia de la transformación de las conductas. Podemos ser sumamente inclusivos en nuestro discurso, pero si en nuestras acciones somos excluyentes, esa transformación social no servirá como herramienta de integración porque carece de un acompañamiento, de un proceso de concientización y sensibilización, que haga foco especialmente en los grupos que históricamente han visto vulnerados sus derechos: niñas, mujeres, personas con discapacidad, pueblos originarios.

 

En nuestro país y en toda Latinoamérica habita una amplia variedad de comunidades lingüísticas. Esta diversidad hace necesario que los estados desarrollen políticas sobre las lenguas que los conforman, que promuevan y defiendan el pleno ejercicio del derecho lingüístico de cada una de ellas y de cada individuo.

 

Es importante cultivar la unidad teniendo en cuenta la diversidad. La Argentina es un país que se gestó desde la multiculturalidad y es desde ahí que continuamos desarrollándonos. Sentirnos hermanos de quienes hablan nuestra lengua, respetando las identidades de cada cultura. Educar en la diversidad enriquece nuestra comunicación y nos permite relacionarnos con el otro de una forma abierta y respetuosa. Educar en la diversidad es una forma de legitimar una igualdad y una inclusión sinceras, dejando de lado discursos que propaguen la intolerancia, la violencia y la discriminación. Transitar la inclusión es una manera de evolucionar.

 

Conclusión

 

La educación es el más efectivo motor de transformación social. El lenguaje no es simplemente una herramienta más para comunicarnos, es la base de nuestro pensamiento, es el impulsor del conocimiento y a partir de él, somos capaces de entendernos y darnos a entender al resto del mundo. Mientras más y mejores sean las experiencias de aprendizaje que desarrollemos, más fácil será el encuentro con el otro distinto a mí.

 

Los cambios en las tecnologías de la comunicación son dinámicos y permanentes, y por ello la realidad cotidiana también lo es. Todos los que formamos parte del sistema educativo necesitamos acercarnos a la idea de que la realidad no es uniforme y, lejos de temer a la incertidumbre, abrazar la posibilidad de crear, recrear y resignificar nuestros contextos y nuestras posibilidades.

 

He aquí la relevancia que tiene el poseer las herramientas necesarias para poder nombrar el mundo, producir conocimiento y transmitirlo a nuestra comunidad de manera cíclica y permanente. Y debemos hacerlo de la manera más auténtica posible, sabiendo que esas herramientas se crean y recrean en el trabajo colaborativo diario, en cada escuela y en cada aula.

 

El presente nos será ajeno y el futuro incierto si no podemos nombrarlo: dominar la Lengua implica ejercer nuestra subjetividad sobre las cosas, pero siempre y cuando lo hagamos junto con otros, junto con los nuestros. El ejercicio de la palabra es como el de la libertad: hacernos pares del otro a partir de quienes somos y así construir un nosotros.